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No es fácil organizar un festival salsero en Marruecos. En contra está un sector de la prensa islamista que considera que la salsa y los ritmos latinos corrompen a la juventud. Por ese lado, la salsa está en la lista negra de los intolerantes al lado heavy. En Marruecos no hay muchos heavys, los suficientes para que, en más de una ocasión, hayan sido acusados de satanismo.¿Satanismo? No es para tanto. Pero si uno recorre la hermosa playa que baña la ciudad de Tánger no verá ni a una mujer en bikini, ni si quiera en bañador; todas las mujeres que superan la pubertad se introducen en el agua vestidas. Ni si quiera hay debate sobre ese asunto cultural y dicen que privado. Pero tampoco se ven turistas.El festival Tanjalatina está animado por MATISSA, una fantástica batucada formada a partir de una asociación cultural con sedes en RabatBruselas Dakar en la que destaca, el ritmo, la belleza y las sonrisas de varias chicas. En un corrillo con el director y varios músicos, el cronista plantea una confidencia flamenca. En España, algunas chicas gitanas no quieren aprender a tocar el cajón porque para hacerlo "tendrían que abrir las piernas y ellas no hacen eso", según la confidencia de un profesor. Pregunto si en Marruecos se plantea alguna frontera cultural de las mismas características. Todos los implicados en la batucada se extrañan."No, no hay ese tipo de problemas. Es verdad que algunos padres conservadores consideran que su hija no puede tocar percusión, pero piensan lo mismo si quiere tocar el clarinete o cantar". La que habla es una percusionista que estudia antropología cultural. Hablamos de música bereber donde las que conservan las viejas tradiciones son las mujeres que cantan y tocan las percusiones y, son ellas las que se sueltan el pelo en unas ceremonias que hace relativamente poco tiempo han subido a los escenarios. Lo de soltarse el pelo es literal, la mujer que entra en trance por la música de los tambores agita su melena como los heavys de antaño. Una ceremonia estrictamente femenina que ahora se puede ver en festivales como el gnawa de Essauira. "Para verlo te tienen que invitar a una boda", me dice la futura antropóloga.

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